lunes, 28 de julio de 2008

viajera de ocasión

nos cruzamos y ella me hizo un gesto. Acerqué mi mano y decidida se encaramó. Nos miramos sin hablar, yo no encontraba las palabras adecuadas para el saludo, pero ella se adelantó.

- Llévame contigo, me dijo.


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- En el sur nunca he visto jaibas de tu tipo y las que hay, tienen afinidad con la cocina, es decir, generalmente terminan con una buena sazón. Es verdad, eres diferente, no te parecerás a ellas cuando grande, pero por las dudas, no es conveniente.

- Quiero conocer el mundo, insistió.

- La arena no es fina y blanca como ésta, las aguas son heladas, por eso del tal Humboldt, tu ya sabes, la corriente...además ¿dónde se ha visto una jaiba en avión?

Y tuve que explicarle sobre los aviones y las nubes, sobre la larga cordillera que cruza el continente de norte a sur y decirle lo que es la geografía. Incluso asegurarle que se molestaría con el acento, la entonación. No, pero ella insistía mirándome con ojitos de súplica, con su mejor expresión intransigente de jaibita adolecente.


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Caminamos por la playa y ambas esgrimimos todo tipo de argumentos; a ella no le ponía contenta eso de correr todo el día por la arena buscando su agujero después que las olas la arrastraban y menos cuando los niños querían en un balde encerrarla.

Algunas veces tuvo inconvenientes con los cangrejos ermitaños cuando en la huida se encaramaba a sus casas. Es que soñaba con ser uno de ellos y crecer mudándose de caracol en caracol. Y por último, tenía miedo de los pájaros que se lanzaban en picada cuando llegaba la canoa del pescador.



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Cuando se dio cuenta que me alejaba de la playa para volver a casa su expresión cambió y rápidamente mi pidió que le bajara. La arena seca quemaba pero no le importó, la cercanía de la geografía urbana, dijo y entonces tras una mirada rápida y un beso al vuelo, la pequeña jaiba saltó...se confundió con el color de la arena, ni una sola huella de ella quedó.

martes, 22 de julio de 2008

el puente


el puente, originally uploaded by dibufoto.

le instalaron un puente entre dos dientes, uno de esos que se asoman a la ventana de la sonrisa y que juegan con palabras y versos.

Se rumorea que por los bordes del puente se los ve rondar inquietos, también que cuando a ella no le llegan o los ignora se producen los suicidios de besos.

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Foto original, originally uploaded by dibufoto.

sábado, 19 de julio de 2008

sueños al amanecer

quiso encerrar al sol en una caja, maravillada por la luz que iluminaba el cielo, pero a medida que se acercaba el astro se alejaba. Quería tener en ella también las delicadas siluetas que lo acompañaban, guardar las nubes y el brillo de las aguas.

Manta, originally uploaded by dibufoto.

Pensó que si lo guardaba todas sus mañanas serían como esa, llenas de alegría y de belleza. Se imaginó que al guardar todo el entorno en las noches iba a dormir acompañada por el sonido del mar y que si se sentía sola podría ver las olas reventar.


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Creía que al guardar el mar no iba a necesitar espejo y todas las mañanas se peinaría en su reflejo. Imaginó que sus hijos tendrían siempre ese sol y ese mar para crecer libres y contentos. Se vio a si misma ya anciana contemplando la caja y se entusiasmó porque veía que nunca perdería ni la iusión ni la alegría.


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Cuando despertó del ensueño, el entorno ya no estaba arrebolado, el mar mojaba la arena y una suave brisa traía aromas salinos, sonidos vivos. Las siluetas delicadas se habían convertido en un puerto y en la playa estaba llena de voces y de contento.


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Se echó a reír de su propio ingenio y de como la vida se ve tan simple cuando el sol se conjuga con el cielo, cuando el mar y las nubes se confabulan y nos dejamos llevar por los sueños.


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Entonces, bajó a la playa, caminó descalza en la arena, saludó con varios, habló con otros, se bañó en el mar.

Ese día recordó el sabor de la felicidad...


en Manta, originally uploaded by dibufoto.

miércoles, 16 de julio de 2008

la niña de guatemala


lirio (iris germanica), originally uploaded by dibufoto.

Cuando José Martí vivió en Guatemala por más de un año (►la historia), fue maestro en una escuela de niñas entre otras actividades que realizó.


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Allí conoció a María García Granados. Después de algunos meses viajó a México para casarse y regresó con su mujer a Guatemala.


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En mayo de 1878 la muchacha murió y en julio Martí y su mujer dejaron Guatemala.



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En 1891 publica en los "Versos Sencillos" este poema que hoy suena como canción.




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domingo, 13 de julio de 2008

lo que no nace no se inventa


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como le duele el corazón
y no le hace caso a la intuición
negándose a entender
que no es simple seguir
por una senda que no es
y que nunca va a ser

como le duele el corazón
cuando hasta en su más profundo rincón
ansía encontrar a otro ser
con el que pueda
hacer de la vida
algo pleno entre dos

y cómo le duele al comprender
que una vez más no acertó
aunque tiene mucho para dar
a ese ser que no sabe amar
que toma distancia del sentimiento
y se mide con la razón

y entonces, ¿cómo buscará consuelo su corazón
cuando decida alejarse de ese ser
que por el deber ser de su existir
no se permite sentir
y antepone el miedo al sentimiento
y a la belleza de perderse en el amor?

jueves, 10 de julio de 2008

ojos glaucos

- ¿Cómo estás?

Me pregunta con suave y pausada voz al otro lado del teléfono.

- Bien estoy

Y para despejar las dudas

- ¿Sí estás bien?

- Sí, estoy bien

Es que se aprende a seguir; que las cosas siempre se pueden resolver y las que no, ya se verá. Nada es tan grave si todavía se puede reir, llorar, emocionarse y sentir.

- Si, estoy bien. No te preocupes, aprendí a estar bien.

- ¿Vale la pena tanto trabajo por muy poca paga?

Eso me contaste uno de esos días en que salimos juntas, mientras regresábamos una mañana; te lo dijo él que era tan calmado y sereno, él que repartió alegría hasta los noventa y nueve años. Si, valió la pena porque te gustan las plantas y los cultivos.

Te recuerdo en cuclillas sacando cebollas de la tierra, escogiendo espinacas, recogiendo aguacates; claro que no te ayudaba, si me distraía seguramente con la forma de los tallos, de las hojas, con el viento...y tu tan paciente.

No, ya no te gustan los taxos y no porque tengan ese aroma único o porque sean agridulces o porque en otros lados les dicen curuba; tampoco porque sea una passifloraceae. No, es que de tanta cosecha, tanto seleccionarlos, repartirlos e inventar que hacer con su jugo ya no los quieres más, aunque todavía hay en el jardín una mata que crece y de la que cuelgan las flores rosadas de pistilo largo y los frutos alargados vestidos de amarillo pálido aterciopelado.

- ¿Que la mata la cuida él?

- Si, ya lo sé.


piano a través de la pecera, originally uploaded by dibufoto.


Como sé lo bien que se siente cuando vuelve la magia de sentarse en la tercera grada frente al piano y tu en él tocando a Chopin:

- taraa ta ta ta taa tiraa ta ta ta taa tarai ra ra ra ta ta



- Si, estoy bien. No te preocupes. ¿Cómo no voy a estarlo?

Imposible, si pienso en tí y escucho tu voz desde lejos y veo tus ojos, tus lindos ojos y entonces sonrío.

-Tus ojos son "glaucos"

- ¿Recuerdas que te lo dije muy segura?

- ¿Que de dónde sacaba esas tonterías?

La culpa fue de ese poema, el de "las glaucas ondas del abismo": "Hay tardes en las que uno desearía embarcarse y partir sin rumbo cierto y silenciosamente de algún puerto irse alejando mientras muere el día emprender una larga travesía y perderse despúes en un desierto y misterioso mar no descubierto por ningún navegante todavía".

- No, no recuerdo la puntuación. Sí que es "Emoción Vesperal" de Ernesto Noboa y Caamaño. Sí, que sólo entendí que la olas glaucas eran del mismo color de tus ojos.

Y está tu fortaleza; tu siempre serena y tranquila aun en las urgencias. Y también cuando preparabas sabores con recetas, precisas, perfectas...el ajillo, la trucha, el mousse de piña, los dulces de higos y de guayaba. El punto "cuando se ve el fondo de la olla" o el almibar de bolita flotando en el agua, la masa de pan para finados, la colada morada y la inmensa olla de fanesca (sin tomate, porque no se le pone tomate, eso dices)... o los helados de mora y obvio, de taxo.

- Si, estoy bien. No tienes que preocuparte. Me enseñaste a estar bien.

Ahora el tiempo es para que te preocupes más de ti misma, te cuides y te mimes. Para que disfrutes más de las lecturas, de los libros. Hace poco el, también por teléfono me decía

- Está leyendo, sólo lee...

Así ha sido siempre, tu descanso es sumida en la lectura, siempre con libros. Y tantas historias nos contaste de chicos. Cuántos autores leí porque tu los leíste.

- Es tiempo de leer más. Es tiempo de cuidarte. Prométeme que lo harás

No necesitas cansarte, no hace falta correr tanto ni imponerse tantas tareas. Es tiempo de juntos disfrutar más cada instante; que disfrutes sus mimos, sus cuidados como el disfruta de los tuyos. Si, es que son tan afortunados ambos, se tienen el uno al otro, siempre se han tenido.

-Si, estoy bien... si te sé bien.

domingo, 6 de julio de 2008

ver la lluvia caer

un par de días antes del regreso compartimos el día; la ilusión de estar juntos, de conversar de cosas simples y otras no tanto, de ver como preparas un encebollado de atún y un arroz con calamares.

Nos sentamos a la mesa, me cuentas tus planes, te miro sereno y tranquilo como has sido siempre, y me produces más ternura que otras veces; me emociona saber como crees en la existencia, en el seguir haciendo el camino, en la vida en pareja a tus ochenta y un años.

Me encanta como se disfruta la tranquilidad y el silencio, el olor a tierra, el rumor de las ramas de esos nuestros árboles erguidos de tantos años.


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Cosechamos limones, los tuyos sesenta y a mi me toca completar los trescientos noventa mientras tu recoges la acelga; ciento quince higos pongo en el canasto, los dos últimos al momento en que empieza el aguacero y corro para proponerte tomar, mientras llueve, algo caliente.


lluvia en Puembo, originally uploaded by dibufoto.

Y nos sentamos en el banco con el jarro de agua de cedrón en la mano y vemos llover tras los vidrios y te pregunto por los pájaros ¿te acuerdas del jilguero y del gorrión?. Es que ya no sabes de ellos porque ni tu ni ella vienen tanto como antes y tampoco la pila está con agua, los pájaros ya no tienen donde bañarse.


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Recorro la casa de siempre con los ojos que tratan de evitar las lágrimas; una vez más quiero retener cada detalle, cada espacio, todos los árboles y las plantas; me quedo con el trino de algún pájaro sobre el nogal, con el aire ligeramente tibio y el color del cielo de la tarde que ya casi se va.

Le recogemos a ella, a mi madre, que nos espera. Me emociona verla contenta de su tarde de campo y de tu llegada, para ya juntos emprender la vuelta a Quito, igual como cada día desde hace cincuenta años emprenden la vida y vamos por la subida de Guápulo ... al llegar a casa sacamos los limones, los higos, la acelga y me traigo a estas lejanas tierras esa alegría tan básica, tan intensa y vital, tan tuya y de ella, como el olor de la lluvia en la tierra.